miércoles, 29 de junio de 2011

Gatos, bebes y niños

gatos y niños


La llegada de un bebé supone cambios importantes para toda la familia...y también para el gato. Si tenemos en cuenta unos sencillos consejos conseguiremos preservar el bienestar de nuestro querido felino sin descuidar la seguridad del niño. Cuando un bebé llega a la familia los padres se alegran pero el gatito sufre y no se imaginan cuánto. Pequeñas atenciones ayudan a que no se sienta solo ni triste.

En muchos hogares, antes de la llegada de los hijos, quienes acompañan a la pareja son las mascotas. En el caso de los gatos suelen ser los más consentidos, y con razón. Mientras no haya otro ser que acapare la atención en casa, mamá y papá serán sólo para él o ella. Sin embargo, cuando la pareja se apresta a recibir a su primer hijo, es bueno pensar en preparar al felino para la llegada de este ser. Se trata de un evento de suma importancia, que acarreará algunos cambios en el comportamiento de los adultos con respecto a la mascota.


Las atenciones prioritarias se centrarán en el bebé y el gato puede sentir que ya no le toman en cuenta. El animal percibe que las atenciones, cariños, mimos y palabras no se dirigen hacia él y ello lo puede desanimar. O quizás llevar a un comportamiento inusual, como arañar objetos de la casa, hacer sus necesidades fuera del arenero, subirse a la cama del bebecito.

Un intruso. Así puede ser como perciba el felino al recién llegado; alguien que ha venido a quitarle el amor y el afecto de la familia. De acuerdo con los especialistas, las primeras manifestaciones de nerviosismo gatuno se aprecian durante el embarazo, cuando la pareja muestra su preocupación, no por la mascota sino por el bebé que va a nacer. El gato tiene capacidad para percibir los cambios hormonales que provienen del cuerpo de la mujer embarazada. Por ello, se siente afligido, nervioso y se desestabiliza. En esos momentos requiere de una caricia, un refuerzo positivo por parte de sus dueños; de lo contrario, la convivencia comenzará a tornarse problemática. Mano amiga No se requiere de un gran esfuerzo para que el dueño haga entender a la mascota que sí le importa, que su cariño hacia él no ha disminuido y que lo sigue queriendo. Una caricia, acompañada de las palabras a las que está acostumbrado, será como un bálsamo para el minino y le ayudará a percibir que el bebé no será amenaza alguna para él. Basta con unos cuantos minutos al día para reforzar la relación con el animal. 

Una recomendación muy útil es permitir que el gato entre en contacto con los muebles y demás objetos nuevos que se adquieran para el cuarto del bebé. Permítale olerlos, dar una vuelta por la habitación para que se familiarice con el espacio y llegue a considerarlo parte de su hábitat. Por supuesto, habrá restricciones en cuanto a sus entradas al cuarto del recién nacido por medidas de seguridad pero ya no le será extraño. Algo muy común, cuando el gato asume una actitud positiva, es que comience a restregarse por los muebles. De esta manera demuestra su actitud amistosa. 

En ese momento, no le grite ni lo aleje bruscamente de la habitación ya que sólo revertirá el efecto positivo y le hará sentir excluido sin causa aparente. Más bien acarícielo, desvíe su atención dándole alguno de sus juguetes y háblele apaciblemente. La recomendación de los especialistas es dejarle participar, permitiéndole oler y explorar todo lo que desee.

Los primeros días de vida del bebé ayude en lo posible al minino a acostumbrarse a su olor. Deje que huela los muebles, la ropa que el bebé se quita. Una vez en casa, no aleje al bebé. No encierre al minino en una habitación por miedo a que reaccione negativamente con el recién nacido. Esto podría dar pie a una crisis de celos. Permita que el gato, bajo su supervisión, se acerque al niño. Mientras lo observa con curiosidad, acarícielo para que se sienta querido. No lo obligue a salir si se esconde, él saldrá cuando sienta que no hay peligro alguno en el ambiente. Puede premiarlo o reforzarlo positivamente con una galletica. Así, asociará la presencia del niño con un hecho agradable. Cuando el animal corre a esconderse apenas ve al niño, tiene que dejarlo. Quizás la criatura lo asusta o su llanto lo pone nervioso.

Cuando un bebé llega a la familia los padres se alegran pero el gatito sufre y no se imaginan cuánto. Pequeñas atenciones ayudan a que no se sienta solo ni triste.

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